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ALÍ BABÁ Y LOS 40 LADRONES
Trazado Arquitectónico de Primer Grado.
Por OCTAVIO C., M.•. M.• I.•.
En el Valle de Valparaíso, a 25 de Abril del 2008, E.•. V.•.

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INTRODUCCION:

EL AUTOR

Los cuentos reunidos bajo el título “Las mil y una noches” son muy antiguos y vienen de diversos países de Oriente.
Nacieron de autores anónimos en lugares a los que la muchedumbre, se acercaba para escuchar a los cuentistas populares.
Recogidas por los escribas, se conservan desde el siglo XII siendo posteriormente enriquecidas y diversificadas.
Curiosamente, hay que esperar al siglo XIX para encontrar una primera versión publicada en árabe.
Sin embargo, cien años antes, Antoine Galland (1646-1715) ya había dado a conocer estos cuentos al mundo entero.
Antoine Galland estudió el árabe para viajar a Constantinopla en calidad de secretario de un embajador de Luis XIV.
Regresa de sus viajes con diversos manuscritos árabes del siglo XIV de entre los cuales traduce y adapta los cuentos.
EL CUENTO:

“ABRETE SÉSAMO, O EL PODER DE LA IMAGINACIÓN”

Cuando el candidato llega, por medio de la Iniciación, al dominio absoluto de su naturaleza y de los espíritus de la Naturaleza, entonces ya puede esgrimir el poder de su pensamiento o de su imaginación.
Este poder está simbolizado por la mágica frase: ÁBRETE SÉSAMO, en la Historia de Alí Babá y los 40 ladrones, exterminados por una esclava, que dice así:
En los confines del Reino de Persia vivían dos hermanos: Cassim y Alí Babá.
El primero era comerciante y el segundo un pobre leñador. Estando este último en un bosque vio venir a cuarenta ladrones.
El Jefe de la cuadrilla llegó a una roca y anunció las misteriosas palabras “ÁBRETE SÉSAMO y al punto giró la roca y dejó pasar adentro a toda la cuadrilla, cerrándose después.
Como salieran todos a continuar sus fechorías, Alí Babá se acercó a la misteriosa roca, pronunció las mismas palabras, tuvo la osadía de meterse adentro, hallando un subterráneo lleno de riquezas fabulosas de las que el buen Alí hizo enorme provisión, la que cargó sobre su jumento, tomando alegre el camino a casa.
Su mujer quiso medir la fortuna en vez de contarla y pidió prestada una medida a su vecina y cuñada, esposa de Cassim. La cuñada, llena de curiosidad por averiguar qué clase de cereales tenía que medir una familia tan miserable, tuvo la astucia de untar con sebo el fondo de la medida, observando con asombro; cuando ésta le fue devuelta, en su fondo, una monedita de oro
Enorme fue la envidia de Cassim, cuando supo por su mujer que su hermano medía el oro como si fuese trigo. Se fue a la casa de Alí y le amenazó con dar parte a la justicia si no le indicaba el lugar del Tesoro.
El desgraciado Alí le reveló el lugar y el modo de penetrar en él. El envidioso fue al día siguiente, con diez fuertes mulos a fin de cargarlos con oro y joyas.
Mediante la Fórmula mágica “ABRETE SÉSAMO”, entró, pero al querer salir, se olvidó del nombre de sésamo; y por más que lo restituía con otros nombres como: haba, avena, centeno, mijo, alforfón, trigo, arroz.
La puerta quedó cerrada y el desgraciado envidioso quedó encerrado y cayó bajo la venganza de los ladrones, quienes le quitaron la vida descuartizándole.
Alí fue, al día siguiente a la cueva, encontrándose horrorizado con el destrozado cuerpo de su hermano; le recogió y volvió a su cuñada a la que le recomendó sigilo ofreciéndole, en cambio, tomarla como su segunda esposa.
La cuñada tuvo que aceptar, y auxiliada por su astuta criada Margiana, fingió que su marido había muerto de muerte natural. Después de algunos meses, se casó con su cuñado.
Los ladrones volvieron al subterráneo y no encontraron restos del cadáver de Cassim y notaron, alarmados, que sus sacos de oro habían disminuido enormemente, por lo que no dudaron que alguien más conocía su secreto.
Los ladrones celebraron un consejo y designaron a uno para averiguar en la ciudad cuál era la casa del despojador.
El zapatero remendón y borracho contó al ladrón que había cosido, antaño, los descuartizados restos de Cassim.
Aunque el pícaro zapatero había sido llevado a la casa con los ojos vendados, pudo dar con ella y la indicó al ladrón, quien señalo la puerta de dicha morada con tiza.
La astuta Margiana, al ver la señal en la puerta, sospechó algún siniestro propósito y al punto hizo una porción de señales idénticas en todas las casas de la vecindad.
La cuadrilla no pudo acertar con la casa de Alí Babá. El ladrón guía fue muerto en manos de los suyos.
Intentaron otra vez la aventura como la vez anterior; pero Margiana, con su vigilancia, les frustró de nuevo. Entonces el capitán exasperado, resolvió buscar por su propia cuenta la casa, y al encontrarla, discurrió la treta de comprar treinta y ocho grandes cueros de los que sirven para el envase del aceite, metiendo en cada uno de ellos a uno de los ladrones, salvo en el último, que llenó de aceite.
Fingiéndose vendedor de este líquido, pidió y obtuvo hospitalidad en la casa de Alí Babá, bien ajeno éste a lo que en su contra tramaba el fingido vendedor.
Margiana, siempre alerta y desconfiada del viajero, se levantó de noche a preparar una taza de caldo para su amo, que debía ir muy temprano por la mañana al baño, y como se le apagara el candil por falta de aceite, fue a uno de los cueros para obtenerlo, escuchando con asombro en el interior de los cueros una voz que decía muy quedo: “¿Qué, ya es tiempo?”, con lo que comprendió de lo que se trataba.
Entonces, sin gritar ni darse siquiera por enterada, llenó una caldera grande con el aceite del último cuero, y una vez que lo hizo hervir, fue echándole uno a uno sobre los ladrones, dándole la más horrible y merecida de las muertes.
En cuanto al capitán, cuando llegó para dar la señal del asalto, se enteró de la catástrofe y escapó de la muerte.
Cuando Alí Babá se enteró del heroísmo de Margiana, la recompensó con darle la libertad; después de enterrar en una zanja del jardín los cadáveres de los bandidos.
DESARROLLO:
La explicación de esta historia es la siguiente.
Alí Babá es el iniciado y futuro adepto; descubre el tesoro de la iniciación interna simbolizada por los subterráneos repletos de oro y piedras preciosas.
Pero este tesoro está defendido por el terror del umbral y su hueste, creaciones del mismo Hombre, “el conocimiento de sí mismo”, a quienes debe matar, como aconseja Krishna a Arjona en el Bhagavad Gita.
Pero para poder entrar en el reino interno hay que emplear el conjuro mágico: “ÁBRETE SÉSAMO”, esto es, el poder de la concentración del pensamiento ante el cual se abren todas las puertas.
En ocultismo el sistema nerviosos o cerebro-espinal es considerado como un loto de mil pétalos, es decir, como un loto de mil pétalos, o sea, como un verdadero sésamo, pues no significa otra cosa que el mágico poder del pensamiento o la imaginación creadora y bien dirigida por el candidato a quien le otorga el dominio sobre todos los misterios.
Surge después la envidia fraternal de Cassim, al estilo de la de Caín en contra de su hermano Abel o el principio del mal que quiere dominar sobre el bien.
Con el dominio del secreto del subterráneo, Cassim “viola el secreto iniciático”, logra entrar para luego ser despedazado por sus propios deseos y actos que vigilan el tesoro.
Estos mismos elementarios no consienten ser despojados de sus poderes; atacan nuevamente al hombre que ha osado penetrar al subterráneo y salió ileso.
Pero la esclava Margiana, que es la intuición, facultad más excelsa de la mente, dotada como Margiana, de un verdadero don de adivinación o de doble vista, descubre las “astucias astrales de los ladrones” y les destruye a todos.
Pero, el poder de la mente no es para ser ejercitado por todos, y de allí que cuando el envidioso Cassim quiere a su vez intentar la aventura, yerra en el empleo de la palabra mágica y es victimado por los ladrones.
Los ladrones de este cuento son vistos, en otras parábolas de los evangelios.
Esta doctrina resulta ser idéntica a la de los Misterios Eleusinos cuando se preguntaba al candidato acerca de los ladrones y asesinos que le perseguían y también a los asesinos de Hiram, historia muy conocida por los HH.•.MM.•.
El fugitivo capitán no cejaba en sus deseos de venganza y volvió nuevamente a la ciudad, disfrazado de rico mercader de telas, trabando amistad con el hijo de Alí Babá, quien acabó un día por invitarle a cenar en su casa.
La vigilante Margiana, extrañada de que el huésped no comiese sal (lo que implicaba el temor del uso oriental que no quería sellar con la toma de la sal, el pacto de amistad con los que de allí a un instante trataba de asesinar), trazó su plan.
A los postres bailó ante los comensales “la danza del puñal”, danza durante la cual traspasó con su puñal, de parte a parte, al capitán de los ladrones.
Alí Babá recompensó esta vez a Margiana con casarla con su hijo, a quien hizo feliz durante varios años y así pudieron disfrutar espléndidamente del tesoro de los ladrones, haciendo de él, el mejor uso como hombres diferentes y temerosos del Señor.
Al llegar hasta aquí, ¿no nos recuerda, este cuento, las palabras del Divino Maestro Jesús, cuando dice en el Evangelio que “debemos tan sólo buscar el Reino de Dios y su Justicia” (el Reino Interno) y que lo demás será dado por añadidura”?
(Mateo 6:33 nos dice: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." ).
Así, cuento, tras cuento, del gran Libro, en todos ellos aparecen los nombres de hadas, sus jardines encantados, sus tesoros inauditos y su perfecta liberación de esta nuestra triste cárcel de materia física, impenetrable para nosotros como cuerpo, pero perfectamente penetrable para aquellos iniciados que llegaron a la liberación.
¡Gloria pues, a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los segundos, porque éstos relatos son la historia para el bien del Mundo y no aquellas fábulas hechas historia para desgracia de la humanidad y que llevamos padeciendo desde Heródoto hasta nuestros días!
Estas fábulas, son el tronco místico-religioso de todas las escrituras sagradas, fábulas prodigiosas en sus ficciones y parábolas que son más que ciencia en su moraleja o enseñanza interior esotérica, que primero ha sido velada en los nombres de los personajes tales como: ELOHIM – JEHOVA – ADÁN – NOÉ – ABRAHAM –SARA – etc., en los que sus letras respectivas no son sino otra cosa que “Valores Geométricos” de relaciones secretas entre los números y las letras, y luego se han vuelto a velar haciendo de estos nombres personajes de una admirable y sabrosa fábula.
Este cuento pertenece a la cultura Árabe, así como muchos otros, del cual tuvimos la suerte de leer y, escuchar a nuestros padres contarlos.
Cuando éramos pequeños, nos fueron familiares Simbad, Aladino, Alí Babá.
Conocimos casi, palmo a palmo, Damasco, Bassora, Bagdad, la Meca.
Y muchas veces supimos del anhelo ferviente de pasear por alguna calle de Beirut.
Más tarde, durante la adolescencia, muchas noches hemos pasado despiertos pensando en los ojos, o en los labios ocultos de alguna Sherezade.