PINOCHO
 
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ENSEÑANZAS DEL CUENTO DE PINOCCHIO
Por ROMEO V. D. L., M.·. M.·. I.·. 2008
Con la colaboración del mecanografiado de su ahijada MEHITAVEL.
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I.- INTRODUCCIÓN
Vaya en primer término mi reconocimiento a la feliz iniciativa de mi Logia en el sentido de analizar diversos cuentos de autores masones, aparentemente destinados a los infantes.
La generalidad de esas obras fueron escritas en momentos de crisis de nuestra Sociedad, en que era necesario ocultar con la máscara de la fábula a enseñanzas de origen laico, cuando la momento de cambio oficial era la que se acuñaba por la dogmática imperante, de una dictadura religiosa de la que nuestra civilización occidental todavía no termina de liberarse.
La mayoría de tales cuentos encierran mensajes ocultos, algunas de cuyas implicaciones desconocemos, al tiempos que sus enseñanzas se encaminan por una moral laica, conteniendo enseñanzas ántropo genéticas o meramente sicológicas, de crecimiento personal.
El cuento de Pinocchio es una de esas obras, y en este bosquejo trataremos de decodificar algunos de sus mensajes.

II.- ITALIA EN TIEMPOS DE CARLO LORENZINI
Para entender el cuento Masónico de Pinocchio, debemos remontarnos a la Italia del siglo XIX y dedicar unas líneas a su autor, Collodi.
Carlo Collodi, cuyo nombre era Carlo Lorenzo Filippo Giovanni Lorenzini, nació en Florencia , el 24 de Noviembre del año 1826 de la e.•.v.•., o sea, poco antes de esa época que los italianos llamamos “II Rissorgimiento”, el movimiento inspirado por los ideales sociales y políticos de grandes hermanos masones como Giusseppe Manzini, Guiseppe Garibaldi, el Conde Camil Benzi de Cavour y ese gran republicano que fue S.M., Vittorio Emmanuele II, rey de Piamonte.
Un movimiento que recordó a Italia ese glorioso pasado que el papado había querido que olvidáramos, en mil años de dictadura teocrática, en que el jefe de autoerigida como religión única y verdadera era, al mismo tiempo, el dictador de toda la Italia Central, mientras el sur era gobernado por los invasores católicos borbones de España, y el resto del territorio estaba fragmentado en diversos estados autónomos, y algunas regiones ocupadas por el Imperio de Austria, aunque deba rendir tributo a los austriacos, que jamás dejaron no sólo de reconocer, sino de respetar y hasta admirar nuestra cultura.
Lorenzini nace y crece en este ambiente, y, como masón e italiano, frecuenta los grupos nacionalistas e incluso se reclutó en el ejército de voluntarios de Toscaza, un principado que voluntariamente y en informado plebiscito votó su incorporación al Reino de Italia en base a la dinastía piamontesa de la familia Savoia.
En la obra que él escribe, se trasuntan reflexiones sobre el origen de la vida y se enseña que la vida misma es mágica y racional, no un don de un dios en que cada menos gente cree, y en cuyo nombre se perpetraron tantos crímenes.
La influencia de la masonería italiana en los literatos se ese tiempo era evidente, cuando quienes se atrevían a desafiar los anatemas del papado y sus agentes, que los condenaban al fuego eterno en que ellos creen, estaban íntimamente convencidos de la necesidad de influir filosóficamente en sus lectores, creando conciencias y educando al pueblo, para la restauración de la república, después de diez siglos.
Al igual que muchos literatos, Carlo Lorenzini ingresó a la Masonería a mediados del siglo XIX de la e.•.v.•., de cuyo viene que en su obra más notable encontremos interesantes simbolismos iniciáticos, que trataremos de analizar.
Bien sabemos que ningún ejército se había atrevido, en mil años a siquiera pensar en amagar el poder del papa, temerosos del supuestos efecto que tendrían las maldiciones del dictador, hasta que las fuerzas del Rissorgimiento ingresan por Porta Pia a Roma, y, a diferencia de lo que algunos creían, el papa era sólo un ser humano, que termina arrinconado en un cerro de la ciudad eterna, sin que lo sacaran de allí por respeto a su condición de dirigente espiritual, la única condición que la vieja Italia que retornaba por sus fueros, estaba dispuesta a reconocerle: fue así como la catedral de Pedro y el Cerro Vaticano fue lo único que quedó de los antes inexpugnables supuestamente protegidos por dios, Estados Pontificios.
La sabiduría de la Orden y su tolerancia religiosa llevaron a que tan pronto como S.M Vittorio Emanuele II; Rey de Piamonte, asumiera como Rey de Italia, el primer gobierno de la nación después de un milenio de ausencia en nuestra capital histórica, diera por sentado que si bien se había desposeído de su poder temporal al papa y terminado con su dictadura, ello no implicaba un ataque en contra de la religión católica, pues sus creencias no eran ajenas a la italianidad, y bien podían convivir con la restauración del Estado.
En este convulsionado contexto italiano, Carlo Lorenzini, bajo el seudónimo de Carlo Collodi escribió “Le Avventure di Pinocchio”, publicado en 1882, cuando ya “la república” de los Savoia estaba hacia poco instalada en Roma.
Pinocchio de Carlo Collodi es quizás uno de lo libro infantiles más famosos del mundo, de guisa tal que desde su primera ediciónes que ya todas las madres regañen a sus hijos por sus primeras mentiras que la misma manera:”¡Vea, su nariz está creciendo!”.
La obra de Lorenzini ha sido traducida a múltiples lenguas, siendo aplicable en el caso el adagio de “traduttore, traditore”, por lo que aprovechando las ventajas de la Internet, he usado en este trazado la versión original del q.•.h.•. Carlo Lorenzini, escrita en dialecto florenctino (como se trasunta del uso de la letra “j” , como doble ”i”, que el italiano, no usa), una lengua, que , bien sabemos, por su pureza fue calificada en las universidades de su época como el latín evolucionado más puro en sus raíces y, por ello fue elevado a la categoría de idioma oficial del renacido estado italiano, cuyos artífices no todos hablaban, pues usaban el piamontés y el genovés, para luego complementarlo con otras raíces puras de algunos de los 48 dialectos que entonces se hablaba en Italia entre ellos el napolitano y el siciliano, que , en su tiempo, fueron más descollantes que el catalán o el escocés.
De allí que los nombre propios de los personajes vayan en este bosquejo en su forma original, para conservar su contenido etimológico.
III.- RESEÑA DEL CUENTO DE PINOCCHIO

A.- EL “NACIMIENTO” DE PINOCCHIO
1. TEXTO DEL CUENTO
Érase una vez un pedazo de madera, propio para usarlo en una estufa o en la chimenea, en casa del Maestro Antonio, aunque todos en el pueblo le llamaban Maestro Cereza, por su nariz permanentemente enrojecida.
El Maestro Cereza decidió confeccionar con el madero una nueva pata para una mesa, y quiso comenzar el trabajo, tomando un hacha, para adelgazarlo, pero una vez le dijo:”¡ para, que me harás daño!”.
El carpintero se extraño por esto, y buscó por todas partes el origen de la voz, revisando el recinto, y hasta en un armario cerrado, sin encontrar a nadie. Retomó el hacha, dando un golpe al madero, y de nuevo escucho la voz:
- ¡Oh! Tú me causas daño, volvió a decir la vocecita.
Esta vez el maestro Cereza quedó helado, con sus ojos fuera de órbita, boquiabierto y con la lengua afuera, como una estatua de fuente de plaza, hasta que recuperó el habla, preguntándose en voz alta cómo podría ser que ese leño, útil para ponerlo en la cocina a fin de preparar una olla de frijoles, pudiera hablar, salvo que entendiera que dentro del palo hubiera alguien escondido.
Con la rudeza propia de su sencillez, se puso a golpear el madero contra las murallas de la habitación, poniendo atención por si oía algo, pero nada. Entonces, decidió retomar el trabajo, pero no con el hacha, sino con una lija, y entonces oyó de nuevo la voz:
- ¡Córtala, que me haces cosquillas!
Esta vez el pobre Maestro Cereza cayó al suelo, como fulminado, y, cuando volvió en si, su rostro esta transfigurado, y hasta la punta d su nariz ya no era roja, sino morada, por el gran susto.
En ese momento, alguien tocó a su puerta: era su viejo colega Geppetto, aunque los muchachos del vecindario lo llamaban Polendina, porque era calvo y usaba un peluquín amarillento, parecido al color de las mazorcas de maíz, con cuyo grano bien se sabe se fabrica la polenta, un apodo que a Geppetto lo enfurecía.
Después de algunos diálogos de pesadeces y bromas, Geppetto dijo al Maestro Cereza que quería fabricar una marioneta de madera, que supiera bailar y dar saltos mortales, para dar con ella una vuelta al mundo y proporcionarse un buen pan y un buen vino.
- ¡Bravo, Polendina!, dijo una voz que no se supo de donde venía, lo que indignó a Geppetto.
Se trenzaron ambos en lucha, de forma que la peluca de Geppetto terminó en la boca del Maestro Antonio, pero la de éste (que ahí se supo que también era calvo), terminó en la boca de Geppetto.
Puestos al cabo cada cual de la calvicie del otro, se miraron, devolvieron a su lugar sus respectivos postizos capilares y se pusieron a conversar, en medio de lo que Geppetto reiteró que le pedía un trozo de madera, para fabricar la marioneta que quería, tras lo que el Maestro Cereza tomo el madero que le había causado tantos problemas, pero esté se movió por sí mismo, y literalmente voló, golpeando a Geppetto en una pierna, de forma que los dos ancianos volvieron a discutir, sobre quien había lanzado el palo, terminando Cereza con dos hematomas en su nariz y Geppetto con dos botones menos en su chaqueta, para, luego de terminada la pelea, despedirse, saliendo Geppetto de casa del Maestro Cereza, cojeando, con el leño en su mano.
Geppetto era un carpintero, o sea, que trabajaba en madera, y, habiendo pasado toda su vida deseando tener un hijo, se dirigió a su humilde choza a realizar un deseo: era tan pobre que su mobiliario estaba compuesto por una mesa, una silla coja y un camastro. Tan pobre era, que la chimenea estaba pintada, con fuego pintado y allí una olla, también pintada, que evaporaba un humo también pintado.
Puso, pues, manos a la obra, tallando en primer lugar la cabeza,
y, enseguida, los ojos del muñeco, y se dio que los ojos se movían y lo miraban.
No le dio importancia, y le hizo la nariz, el apéndice nasal comenzó a crecer desmesuradamente, en medio de los esfuerzos del artesano por darle una forma proporcionada.
Tampoco le dio importancia, y prestó atención a la boca, y entonces ésta empezó a reír, y a molestarlo. Lo reprendió varias veces, y entonces de la boca salió la lengua, en gesto burlón.
Geppetto siguió impertérrito, le hizo el mentón, el cuello, los hombros, el estómago, los brazos y las manos.
Entonces Geppetto se dio cuenta que el muñeco le arrebatada su peluca de la cabeza, y se la ponía a si mismo. Era sin duda un agravio, por lo que Geppetto se entristeció:
- ¡Gracias de un hijo! – dijo – no estás terminado de hacer y ya empiezas a faltar el respeto a tu padre: ¡mal hijo, muy mal!, y volvió a derramar una lágrima.
Cuando Geppetto terminó de fabricar las piernas y los pies, sintió un puntapié en su nariz.
- ¡Me lo merezco – dijo ya fuera de sí – Debí haberlo pensado antes: Ahora puede sea ya tarde.
Luego tomó la marioneta y la posó en tierra, para que caminara, pero el muñeco tenia las piernas largas, aunque no sabía caminar, así es que Geppetto lo conducía por la mano, para enseñarle a dar un paso tras otro, hasta que la marioneta comenzó a caminar por sí, y hasta correr por la choza, y salir de ella, saltando como una liebre.
¡Atrápalo y atrápalo!, pedía inútilmente el artesano a las personas.
Hasta que apareció un carabinero, que creyó se trataba de un sirviente levantisco, que hubiera faltado el respeto a su patrón, y se paró en medio de la calle, con el resuelto ánimo de detenerlo, pero el muñeco pasó por entre las piernas del policía, y el carabinero logró agarrarlo por la nariz, consignándolo en manos de Geppetto, que quiso tomarlo por las orejas, pero se dio cuenta entonces que no se las había hecho, así es que lo dejó en el suelo.
Los comentarios de las gentes del barrio no faltaban: Geppetto siempre había sido tenido como un hombre correcto, pero ¡hay que ver cómo trata a ese pobre muñeco! ¡mira que es capaz de hacerlo astillas!
Ante tal situación, el carabinero llevó a prisión a Geppetto, por violencia innecesaria, sin que éste pudiera hacer otra cosa que llorar.
Existe una versión del cuento en que Geppetto no recibe el madero de Maestro Antonio Cereza, sino que lo tenía consigo, que el leño no hablaba, sino que era común y corriente y que el artesano hizo el muñeco sin mayores contratiempos, y, al caer la noche, al ver brillar en el cielo a la Estrella de los Deseos, pidió con todo fervor que su sueño de tener un hijo le fuera concedido.
Ahora bien, desde dicha estrella descendió el Hada Azul, quien dio vida al muñeco, advirtiéndoles que debía portarse bien para llegar a ser un niño de verdad, y, a fin que estuviese siempre junto a él, y le aconsejase sobre su comportamiento, nombró a Pepe Grillo como conciencia de Pinocchio.
Ya hemos visto como en la versión original, en florentino, el grillo aún no aparece, debiendo dejar constancia que en la versión original, en florentino, el grillo tiene nombre, simplemente se llama Grillo Parlante.
El nombre Pinocchio que da Geppetto a su marioneta, es un término que no proviene del florentino, sino del siciliano, y revela el panitalinismo del autor cuando da al héroe de su obra un nombre propio sureño, de esos sureños que se incorporaron a Italia sólo merced a la obra de il.•. y q.•.h.•. Guiseppe Garibaldi, que arrebata ese territorio a los borbones españoles católicos más con inteligencia que con armas.
La “pinocchiata” es un conocido postre siciliano, muy dulce, hecho en base a huevos batidos: quizá haya pocos platos más dulces en la dulce Sicilia que la Pinocchiata…. Geppetto pensó que Pinocchio le endulzaría la vida.
Ya estamos entendiendo que costó mucho que así fuera.
2.- ANÁLISIS
La formación (no digamos nacimiento) de Pinocchio con saldos de madera, merece nuestra atención, pues, en sentido alegórico, la madera pertenece a un reino superior al mineral, menos densificado, más evolucionado, que tiene vida o saldos de vida reciente, siendo de destacar el deseo de Geppetto de dar forma a un ser parecido a él, a su imagen y semejanza, con materiales que tenía a su disposición, sin intervención de otro ser en la versión florentina original, sino valiéndose sólo de la inteligencia que subyacía en el material para lograr su objetivo, en tanto en la segunda, viene a participar un ente complementario, el Hada, para llevar a cabo un acto de generación: algo así como la invocación que todos los coma hacen a todas, la bináh, para generar algo.
Esta situación nos lleva a recordar algunos mitos cosmogónicos, en que una inteligencia superior toma sobre sí la responsabilidad de la ántropo génesis, formando a los seres inteligentes del planeta con elementos ya existentes en la tierra.
Así, la mitología inca enseña que los primeros seres humanos fueron formados de piedra en las cavernas, y que luego fueron evolucionando, hasta poderse mover y salir a la superficie, en tanto según los mayas el primer resultado de la evolución de la naturaleza para generar un ser inteligente, fue un hombre de madera, al tiempo que los mapuches sostienen que la propia inteligencia ordenadora de ante todo cuanto existe, una vez terminado el proceso de formación del mundo vio todo esto y dijo:¿ para qué sirve esta tierra sin nada?, y tomó a un joven espíritu que era hijo suyo, le dio forma de hombre y lo lanzó sobre la tierra.
Los judíos, por su parte, en diversos textos cabalístico y de la Torá estiman que las civilizaciones humanas aparecen y desaparecen en la tierra en periodos más o menos exactos de 6.000 años, y que también la vida toda en el planeta aparece y desaparece en ciclos permanentes, de forma tal que el Zohar enseña que al empezar el actual ciclo la tierra era infértil y vacía, y las tinieblas se cernían sobre la faz del abismo, pero el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas.
En Canán, para la tradición yahvista, hay un dios creador. En los textos de Rs Shamra la palabra bni bnvt (léase “ banai banuvat”), “creador de las criaturas”, deriva de la raíz que significa “hijo” (lo mismo que el sudárabe moderno): el hébreo se inspira en esta raíz para denominar la acción exclusiva de yahveh: bara (crea), y Lorenzini, masón inspirado en la tradición judaica, sigue esta enseñanza en su obra, donde Pinocchio nace a la vida por obra no de un padre y una madre sino – simplemente - de un creador, Geppetto.
Esta concepción de la ántropo génesis, bien sabemos, se transmite a cosmogonías menos científicas, y derivadas de ka judaica cuyo es el caso del Islam y las diversas sectas cristianas.
El gran valor de las enseñanzas de mayas, incas, mapuches y judíos, unidas a las ideas de perfección interior merced a la renuncia de los deseos materiales, propias del budismo y del hinduismo, es que llevan a considerar al ser humano como un ser en evolución, imperfecto pero perfectible, como la bruta piedra con que nos enfrentamos en la noche de nuestra iniciación, dándole tres golpes con nuestra fuerza de voluntad sobre la potencia de nuestra inteligencia, para empezar a perfeccionarla, tal cual lo enseña Lorenzini a través de un Pinocchio hecho de madera, con material de la tierra, para culminar el proceso de evolución de la existencia en un ser racional.
B.- LA APARICIÓN DEL GRILLO PARLANTE
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Luego de dar varias vueltas por el pueblo, mientras Geppetto estaba encarcelado, Pinocchio volvió a casa, y se sentó en el suelo, pudiendo escuchar el criar de un grillo, que apareció ante sus ojos, informándole que él vivía allí desde hacía ya más de cien años, y que tomaría sobre si la responsabilidad de ser su consejero y vigilante.
Pinocchio dice que no requiere mayores consejos, pues él se dedicará a comer, beber, dormir y divertirse, frente a lo que el Grillo Parlante le respondió que quienes actuaban terminaban en la cárcel o en el hospital, y que lo aconsejaba ir a la Escuela. Pinocchio insistió en su decisión y el Grillo le respondió que no sólo era un muñeco, sino un muñeco con cabeza de madera.
Pinocchio se indignó y lo golpeó con un martillo, quitándole – aparentemente la vida.
Recordemos que Pinocchio fue hecho a imagen y semejanza del universo, o sea, imperfecto pero perfectible. La marioneta de Geppetto, tal como el ser humano, es advertido de camino que ha de tomar para crecer como persona, acercarse al estado de serenidad, diríamos en la Libre Construcción, a través de la instrucción del conocimiento o discernimiento entre el bien y el mal, pero, como en tantos otros mitos, el recién aparecido humano – o humanoide diríamos en el caso que nos ocupa - es presa de su vanidad e intolerancia, acallando a su propia conciencia.
Como veremos en el desarrollo de este bosquejo, el autor quiere mostrarnos en este pasaje de su obra la soberbia de los ignorantes y las consecuencias que ella genera para las minorías cultas, cuando quedan a merced de ella, aunque sin castigo para el ofensor.
C.- PINOCCHIO CONOCE EL HAMBRE
De pronto, vino al protagonista un hambre atroz, y empezó a buscar y buscar qué comer en la casa, revisándolo todo, hasta que en un montón de basuras encontró un huevo, que tras largas cavilaciones decidió cocinar en agua, en una sartén, pero al cascarlo salió desde dentro un pichón, que partió volando por la ventana, agradeciéndole haberla ahorrado el trabajo de romper el cascarón desde el interior.
Pinocchio rompió en lágrimas de hambre y arrepentimiento por la ausencia de su creador.
Salió de casa en medio de tempestad, consiguiendo que un vecino le diese un pan, retornando mojado, por lo que se recostó en el suelo a dormir, posando sus pies cerca de una estufa.
Al día siguiente, llegó Geppetto, tocando la puerta sin que Pinocchio le pudiese abrir, porque sus dos pies habían terminado carbonizados por las llamas de la estufa, por lo que su creador ingresa por la ventana, recibiendo las quejas de Pinocchio por su profunda hambre, por lo que Geppetto le dio tres peras que traía consigo, exigiendo Pinocchio que se las pelara, pues él no se las comía con cáscara. Geppetto le explicó la importancia de no tener el paladar tan delicado, pues uno nunca sabe cuando comerá cosas que en otras circunstancias desprecia, aunque ante la insistencia del muñeco terminó pelando las peras.
Pinocchio, tras engullir las tres frutas, insistió en su hambre sin que hubiera nada más, con lo que terminó comiéndose las cáscaras por separado.
En este capítulo donde empiezan las peripecias del protagonista, que harán posible su posterior evolución: primero está el castigo por hambre, debido a la ausencia del padre, luego la búsqueda de la solución gratuita y al alcance de la mano, cuando encuentra el huevo, pero que se escapa mordazmente volando y, finalmente, la primera muestra de modestia del personaje en evolución, cuando, tras comer las peras peladas, hace lo mismo con las cáscaras, haciendo por caso a un mensaje de Geppetto.
La quemadura de los pies nos entrega una enseñanza de cautela frente a las fuerzas naturales de la existencia, a estar alertas para evitar exponernos a un daño innecesario, que no será causado por ellas, sino por nuestra inexperiencia.
D.- PINOCCHIO Y LA ESCUELA
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Pensado Pinocchio a imagen y semejanza de su artífice, o sea, corporal, inteligente y con proyección espiritual, resultó ser imperfecto: si bien tenía inteligencia, no era un ser con capacidad de evolucionar, por lo que. Inspirándose en la línea de la Piedra Bruta, Lorenzini escribe que Geppetto decide ponerlo a estudiar, mandándolo a la Escuela.
(O, si se quiere, a entender los Misterios de la Existencia, para que aprenda y crezca, o sea, como diríamos hoy, a entender el significado del mazo, el cincel y la regla de 24 pulgadas).
El autor dramatiza la pobreza de Geppetto cuando éste vendió su saco para con el precio comprar un silabario para áquel que él consideraba su hijo, con lo que indica que ningún sacrificio material es desproporcionado cuando se busca el conocimiento.
Pinocchio, como debe haber sido el hombre original o algunos de los diversos seres humanos prehistóricos. Como el Neandertal, el de Java, el de Abisinia, o el Cro Magnon, era amoral, y hasta tonto y estúpido, carecía de conciencia objetiva, por lo que necesitaba un vigilante (El Grillo), que intentó aconsejarlo y convertirse en la voz de su conciencia, si bien externa, o si se quiere en términos más absolutos, distinguir entre el bien y el mal, si esto fuera posible, pero, ya sabemos que este tan profano y prepotente Pinocchio sólo buscaba el placer antes que la felicidad, y hasta mató a su propia conciencia.
Sea como fuere, Geppetto lo envió a la escuela, silabario en mano, pero en el camino recibió la tentación de presenciar un espectáculo de títeres, a cuatro liras la entrada, por lo que, luego de mucho pensarlo, decidió vender su silabario por ese precio, con esa irresponsabilidad que caracteriza al profano que no conoce el Camino de la Luz y, no obstante tener las verdades al alcance de sus manos, las deja pasar, sin asumirlas.
En fin, los títeres actores reconocieron Pinocchio como a un hermano, avivándolo, invitándole a subir al escenario y lo tomaron en andas: es claro que debe haberse maravillado al público al ver actuar un títere sin hilos.
Después de ese éxito, el titiritero, que le perdona la vide y decide sacrificar a Arlequín, pero en ese momento interviene Pinocchio heroicamente, intercediendo por Arlequin, y ofreciendo su cuerpo para ser quemado, por lo que al final, el titiritero, enternecido, los libera a ambos.
Esta es la primera reacción positiva, de corazón, que tiene el personaje revelando que en interior de cada cual, por bruta que sea la persona, se encuentra la piedra oculta de todas las alquimias, ese ser puro nos enseña Platón y que todos debemos desarrollar.
Al día siguiente, ya despidiéndose de Pinocchio, el titiritero, se impone de la pobreza de Geppetto, por lo que le envía cinco monedas de oro, lo que importa un premio al buen actuar del protagonista cuando ofreció su propia vida al salvar a Arlequín.
E.- EL GATO Y LA ZORRA
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Pinocchio parte feliz de regreso a casa, prometiéndose que con el dinero comprará un saco nuevo para su padre y un silabario para él.
Había decidido ser bueno, como le quiso enseñar el Grillo.
En eso estaba, cuando se encontró con un gato aparentemente ciego, que era guiado por una zorra, aparentemente coja, estos dos personajes no tienen nombre propio en la obra original de Lorenzini.
En efecto, en una versión resumida, vertida en lengua castellana el gato es salvaje, no simula ser ciego y se llama Gedeón, en tanto la zorra es un zorro y no simula ser renga, y se da el nombre de Honrado Juan, sin que hayamos encontrado razones para estas innovaciones. Estos dos personajes, en dicha versión, al ver que el muñeco de madera andaba solo, decidieron atraparlo para venderlo a un titiritero que había en el pueblo presentado un espectáculo de marionetas.
Pero volvamos a la versión original, en ellas el Gato y la Zorra dicen a Pinocchio lo interesante que sería invirtiese esas monedas en el Campo de los Milagros, donde uno entierra una moneda por la noche, lo riega, le pone un poco de sal, y parte a dormir, de modo que al día siguiente encontrará un árbol lleno de monedas: tantas como granos hay en una espiga de trigo.
En medio de ese relato, pareció un mirlo blanco, que advirtió a Pinocchio que estaban tratando de engañarlo, pero el gato dio un salto, tomó al mirlo y se lo comió, con plumas incluidas.
Fue así como siguieron los tres caminando, en amena charla, hasta que pararon en una posada, en que Gato y Zorra comieron más de lo cualquiera pudiera imaginar, en tanto Pinocchio fue muy frugal, para luego ir a dormir, a fin de reponer fuerzas y volver a partir hacia el Campo de los Milagros, pero Gato y Zorra partieron, dejando a Pinocchio a cargo de la cuenta, con lo que debió desprender de una de las monedas de oro. Lejos de desilusionarse, nuestro héroe decide seguir solo, en medio de la noche oscura, pero allí se encuentra con el fantasma del Grillo, que le advierte del engaño del que es víctima, pero no le hace caso, y sigue en marcha, donde dos asesinos intentan robarla y que, al no lograrlo, luego de la larga persecución terminan colgándolo del cuello en un árbol.
La tentación de parte de un agente de las fuerzas de la oscuridad para que el protagonista del mito se aleje del camino de la virtud es algo recurrente en muchos mitos, como las sirenas frente a Ulises, la mujer desnuda ante el Héroe que busca la Luz, la serpiente que engaña a Eva o Teguacipa, que deshace cuanto crea a su paso Viracocha, que son a no dudarlo los antifonitas de toda persona que quiere crecer espiritualmente, la zorra supuestamente renga, que representa a la astucia, y el gato supuestamente ciego, la traición, a lo menos en la cultura italiana, de la forma parte el autor.
Es así como Pinocchio cede ante las tentaciones de la astucia y la traición, y abandona el Camino del Conocimiento, representado por la escuela municipal, como ocurre con tanta gente.
A través de este capítulo, el autor nos quiere enseñar el arte de la discreción y de querer lo que merece ser querido, ambos valores masónicos, que nos ponen a cubierto de nuestra propia ingenuidad y de la ajena astucia: todos siempre recordamos esa parte del ritual de iniciación regla de nuestra Amada Obediencia, cuando se indica al ciego y semidesnudo, candidato firmar su juramento, para luego de recuperarla, la vista física representarle su ingenuidad al haberlo hecho, cuando realmente firmó un papel en que podría haberse escrito cualquier cosa: no es que se nos enseñe desconfiar, sino a actuar con seguridad y ser dueños y señores de nuestros propios actos.
F.- EL HADA PROTECTORA
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Es en este momento en que recién hace su aparición en la obra original la persona del Hada.
El Hada encarga a un halcón que corte la soga de la que pende Pinocchio, y lo deje en tierra, para luego hacerlo llevar a su casa, convocando a tres médicos para que lo examinasen: ellos eran el Cuervo, una lechuza y un Grillo parlante.
- En mi concepto - dijo el cuervo - , el muñeco está muerto, pero si pos desgracia no hubiese muerto, sería indicio seguro que sigue vivo.
- Lamento - dijo la lechuza - tener que contradecir al Cuervo, mi ilustre amigo y colega: para mí, en cambio, el muñeco está vivo, pero si pos desgracia no fuese así, seria indicio claro de estar muerto.
El Grillo aconsejó a los otros callar cuando no tienen nada que decir.
Entonces se sintió el llanto de Pinocchio.
- Cuando el muerto llora, es signo que está en vías de cura – dijo solemnemente el cuervo.
- Me duele contradecir a mi ilustre amigo y colega – agregó la lechuza- pero según yo cuando el muerto llora, es signo que le disgusta morir.
Vuelto en sí, el Hada se tomó el trabajo de darle una medicina, que Pinocchio no quería beber, por su mal gusto, hasta que aparecieron cuatro conejos negros, que dijeron iban a buscarle para llevarlo al otro lado de la muerte, y recién entonces aceptó la pócima del Hada.
En los diálogos de los médicos se puede apreciar una enseñanza de Lorenzini respecto de los pares de opuestos, entre muerte y vida, además, un llamado a la discreción y no hablar cuando no tiene nada que decir, que nos recuerda esa frase que el il.•. y q.•.h.•. W.A Mozart desliza en la Flauta Mágica en cuanto a que”si los dioses sellaran los labios de los necios no habría problemas en la tierra”.
Los cuatro conejos negros, agentes de la muerte, son representantes de los cuatro cocodrilos de idéntico, significado en la cosmogonía egipcia.
El Hada era un ser indispensable para un personaje como Pinocchio, hijo sólo de padre, por lo que esa mitología mujer viene de llenar el espacio del eterno femenino que faltaba para la formación del muñeco, dándole una madre, una protectora, una correctora y una amorosa compañía.
La Masonería Italiana del tiempo de Lorenzini, estaba dividida: por un lado de poderosa Orden Masculina de Memphis – Misraim, que había colaborado con Napoleone Buonaparte cuando invadió los Estados Pontificios en su intento por unificar Italia y que luego de la restauración del papa en su trono fue perseguida en formar vergonzosa, y que, por temor, no se atrevió a colaborar con los Savoia en su aventura de desafiar al poder militar teocrático. Por otro lado estaba la Gran Logia de Milán, también masculina, tributaria de Londres, y, finalmente, diversos grupos de masones mixtos, fundamentalmente piamonteses, toscanos y genoveses.
En ese esquema, el nuevo orden, o sea el Estado Italiano restaurado por masones mixtos (habiendo sido Piamonte uno de los primeros estados de la tierra en conceder el derecho a voto de la mujer), obviamente optó a privilegiar a las logias mixtas, con lo que las logias masculinas “se vieron la conveniencia” de integrarse a lo que hoy es la Gran Logia de Italia de los Masones Libres y Aceptados, de claro Carácter mixto: de allí que el iniciador del héroe de la obra del carbonario q.•.h.•. Lorenzini fuera una mujer.
(La conocida obra “II Gatopardo” cuenta, sin duda, mejor esta historia)
G.- LAS MENTIRAS Y EL CRECIMIENTO DE LA NARIZ
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Fue durante esta visita de Pinocchio en casa del hada cuando por primera vez sus mentiras hacen que su nariz crezca, y; como dijo varias, su nariz creció hasta los extremos de la habitación, tocando sus murallas, por lo que el muñeco rompió llanto, prometiendo no volver a mentir, frente a lo que el Hada, enternecida, hizo entrar a unos pajarillos que se comieron la nariz de Pinocchio, dejándola en su tamaño normal.
Hecho esto, el Hada le ofreció a Pinocchio su compañía, como si fuese su hermana, y que trajese a Geppetto a vivir con ellos. El muñeco aceptó, y decidió con el Hada que iría a través del bosque a buscar a su padre. Así lo acordaron, y el títere emprendió la marcha.
Este síndrome de Pinocchio, el crecimiento de su nariz cuando miente, no registra origen en otros mitos o leyendas culturales, sino que es producto sólo del deseo del q.•.h.•. Lorenzini, de indicarnos que hay algo que nos permite distinguir con alguna facilidad entre veraces y mentiroso, entre caídos sin vuelta y arrepentidos, lo que, sin duda, sería maravilloso.
H.- RETOMANDO EL CAMINO AL CAMPO DE LOS MILAGROS
Empero, en medio del bosque Pinocchio vuelve a encontrarse con el l Gato y el Zorra, quienes lo convencen nuevamente de ir al Campo de los Milagros, lo desvían del camino y lo inducen a enterrar las cuatro monedas que le quedan y regarlas, debiendo luego él alejarse y retornar en 20 minutos.
El autor deja en claro que estos dos bribones fueron los bandidos que habían asaltado a Pinocchio y lo colgaron del árbol.
Pinocchio volvió más tarde, imaginando todo lo que iba a poder comprar con tantas monedas de oro que le iba a prodigar el árbol que encontraría, pero su entorno no había árbol alguno.
Entonces sintió una carcajada burlona: era un Papagayo, produciéndose entre ellos un diálogo:
- Si; hablo a ti, pobre Pinocchio, que eres tan dulcemente ingenuo como para creer que el dinero se pueda sembrar y cosechar en los campos como los frijoles o los zapallos. Yo también lo creí una vez, y ahora sufro la pena. Hoy (aunque tarde) he comprendido que para cargar honestamente unas monedas es necesario sabérselas ganar, sea con el trabajo de las propias manos o con el ingenio de la propia cabeza.
- No te entiendo – dijo el muñeco, que ya comenzaba a temblar de miedo.
- ¡Paciencia! Me explicaré mejor – continuó el Papagayo - Sabe que, mientras tú te alejaste, la Zorra y el Gato volvieron a este campo, tomaron las monedas enterradas y huyeron veloces como el viento.
Pinocchio quedó boquiabierto, y no queriendo creer en las palabras del Papagayo, comenzó a cavar en el terreno con sus manos y uñas, a bastante profundidad: pero las monedas ya no estaban.
Luego se dirigió Pinocchio el Juez de la comuna, un gran Gorila, que luego de escucharlo ordenó que lo encerraran, por ser un pobre diablo, y allí estuvo preso por cuatro meses, hasta que el señor del lugar, por haber vencido en una importante batallas, dispuso una celebración y amnistió a todos los bandidos que estaban presos.
Ante ello, el gendarme no quería soltar a Pinocchio, que estaba preso no por ser bandido, pero él aseguró que sí lo era, por que el carcelero lo dejó también partir.
Nuevamente nos advierte el autor en este capítulo sobre los extremos a que puede llevar su credulidad a las personas ingenuas y perezosas, que buscan el bien sin esfuerzo, siendo esta vez advertido Pinocchio por un Papagayo, que representa a las personas sencillas pero de buena voluntad con que podemos encontrar en cualquier recodo de nuestra experiencia, que nos hace evocar aquella frase de Imhotep, que nos enseña que podemos encontrar la Sabiduría aún en la esclava del molinero.
El injusto juez gorila, bien puede representar a las personas investidas de poder que suelen confundirse con el oropel de las atribuciones que se les ha otorgado: el poder aísla al ser humano, puede llevarlo a vivir en un mundo artificial, y a ejercer sus labores de forma del todo ajena a lo que la república espera de ellas: no hay tirano que no se encuentre bien inspirado, pero sin duda los desastres que generan son peores que aquellos que busca evitar, por todopoderoso magistrado, su dogmatismo y su falta de criterio, a la dictadura teocrática que estaba siendo en su tiempo.
I.- DE REGRESO DONDE EL HADA
Rápidamente el protagonista huyó de esa comuna, retomando el camino del bosque, para dirigirse a la casa del Hada, en medio de profundos sentimientos de congoja, por lo problemas que había dado a su padre, por ser tan ingenuo y tan flojo, hasta que se topa con una serpiente atravesada en el camino. Espera que el ofidio se retire, pero no es así. Lo sobrepasa, pero cae al fango y reemprende la carrera, y, teniendo hambre, decide ingresar a sacar unas uvas de una parcela, pero sus piernas son atrapadas por una trampa puesta allí por el dueño del lugar, que al encontrarlo le pone un collar de pero y lo obliga a desempeñar el trabajo que había desarrollado su perro guardián recientemente muerto: cuidar las gallinas y ahí quedó Pinocchio; encadenado, durmiendo en la casucha del perro, en medio de su arrepentimiento, cada vez más sincero.
Empero, esa noche cuatro garduñas entraron a robar gallinas. Llamaron al perro, y se encontraron con Pinocchio, y le propusieron el mismo trato que dijeron haber tenido con el difunto perro: ellas iban a robar ocho gallinas al mes, se llevaban siete y le entregaban una, ya desplumada y limpia, al perro Pinocchio se hizo el dormido, pero tan pronto las ladronas entraron al gallinero, cerró la puerta por fuera, asegurándola con una piedra y comenzó a ladrar, como era el deber que ele había impuesto el campesino, quien, así, aprendió a las ladronas, siendo puesto al cabo por Pinocchio del trato que le habían ofrecido, aunque callando que el perro tenía con ellos un pacto, por respeto al muerto.
El campesino liberó a Pinocchio, por su honradez.
La Italia de los tiempos de Lorenzini, era un estado que se encontraba en reestructuración, después de diez siglos de fragmentación, en que el pueblo había sufrido tantas injusticias y arbitrariedades: estructurándose el nuevo estado en torno a la monarquía de los Savoia, pro conforme con las ideas republicanas de la Masonería, se buscaba por aquellos días poner término y prevenir los abusos que antes habían cometido duques, marqueses, agentes de papado y reyezuelos de distinta calaña, por lo que el régimen quería establecer controles, que evitaran desbordes y falta de respeto de los derechos fundamentales de las personas: claro, es necesario un control, pero el gran problema en quien lo controla al contralor, para que no se corrompa y negocie a los bandidos, como lo hacia el perro. Un problema que nos puede resultar contemporáneo, si se quiere.
Fue así, como el muñeco retomó nuevamente el camino de regreso donde el Hada, para reencontrarse con su padre, pero al llegar al lugar donde vivía el Hada, la casa no estaba, había desaparecido, y sólo estaba allí una lápida, que daba cuenta de su muerte, por perna, al ser abandonada por su hermano Pinocchio.
Es así como el protagonista romper en desconsolado llanto, junto al mármol donde se queda por dos días.
El dolor lo purifica.
J.- EL PALOMO Y EL REENCUENTRO CON EL HADA
En esos instantes llegó al lugar un Palomo, que le volvió a hablar de la muerte de pena del Hada, y le informa que su padre, luego de buscarle sin cansancio, fabricó un bote para seguir buscándolo en otros países, quizá incluso en América.
El Palomo se ofrece para llevar a Pinocchio a la costa, y así lo hacen pudiendo ver nuestro protagonista el momento en que Geppetto cae al agua, en medio de un mar tormentoso.
El Palomo, que se dice Colombo en italiano, es por excelencia en la cultura latina símbolo de comunicación. Tanto que se entrenada palomas como mensajeras para enviar cartas entre las personas, por lo que el apellido – Colombo – del descubridor de América, más que una coincidencia, parece ser una premonición, de cuyo no resulta ajeno que Lorenzini utilizara un palomo para informar a nuestra protagonista de las noticias, aunque parecieran infaustas.
Pinocchio nadó y nadó en medio del diluvio, entre rayos y centellas, hasta que una ola lo lanzó en la isla de la Abejas Industriosas, siendo informado por un Delfín sobre el camino que debía tomar para encontrar un poblado y poder comer.
El hambre lo tenía debilitado. Hacía un día que no comía nada.
Pidió limosna a diversas personas que iban cargando distintas cosas, todos trabajaban allí, como las abejas, lo que explica el nombre del lugar, y cada cual le dijo lo mismo: que le ayudase a cargar y no le daría una moneda, sino varias. Pinocchio, orgulloso, se negó a estar cargando cosas, aunque recordó que su padre le había enseñado que la limosna era para los viejos y los enfermos, y que ser pobre era una desgracia, pero no procurarse trabajo para salir de la pobreza, era una desgracia doble.
En eso estaba, hasta que pasó una grácil mujer, cargando agua: Pinocchio le pidió que le diera de beber, y ella accedió, como la aguadora e la mitología griega. Le solicitó le diera una moneda, y la mujer le dijo que cargara el agua hasta su casa y no le daría dinero, sino pastel de coliflor, adobado con aceite de oliva y una buena salsa, verduras y un dulce postre. Pinocchio aceptó, pase a que la cubeta con el agua pesaba, y al final, se dio cuenta que la mujer que lo había alimentado era el Hada.
Lloró de rodillas ante ella, de felicidad por el reencuentro, lo que nos lleva de nuevo a la idea del eterno femenino maternal.
Se dio cuenta que el Hada era del todo una mujer, y que ella le explicó sí, que había pasado el tiempo, y que él seguía igual, porque los muñecos de madera no crecen ni envejecen. Así, acordaron que ella ya no sería su hermana adoptiva, sino su madre adoptiva: todo una concepción de la mujer- hija, unida a la mujer – hermana, a la mujer - compañera y la mujer – madre.
En tal carácter, el Hada le reiteró la necesidad de ir a la esuela y después elegir un oficio o profesión en qué trabajar, conforme con sus preferencias. Pinocchio no quiso aceptar eso de trabajar, pero el Hada le dijo que quien no trabaja termina en la cárcel o en el hospital, que todos debemos hacer algo en la vida, pues el ocio es la peor de las enfermedades. Muy masónico si se quiere.
Fue así como Pinocchio empezó a frecuentar la escuela comunal, con responsabilidad y puntualmente, debiendo afrontar a compañeros desordenados, lo que importa un interesante progreso en el crecimiento de nuestro protagonista como persona.
Un día dos de ellos lo convencieron de faltar a clases, para ir a la costa, a mirar al pez - perro, y Pinocchio creyó bueno ir, porque le habían dicho que un pez - perro se había tragado a Geppetto: o sea que ya no es la irresponsabilidad abandonada del antiguo Pinocchio, sino la simple responsabilidad de reencontrarse con sus padre lo que lleva al personaje a dejar de lado las responsabilidades que había asumido, ya con algún celo.
Obviamente pez - perro no había en el lugar, y Pinocchio reprende a sus condiscípulos por haberlo llevado a hacer novillos, preguntándoles porqué lo convencieron de ir.
- Para que perdieras clases: ¿no te avergüenzas de mostrarte todos los días tan preciso y diligente con las lecciones? ¿no te avergüenza estar siempre al tanto, como lo haces?
- ¿y si estudio, que os importa?
- A nosotros nos importa muchísimo, pues nos llevas a hacer una bruta figura frente al profesor…
- ¿Por qué?
- Porque los escolares que estudian, siempre hacen desaparecer a aquellos, como nosotros, que no tenemos ganas de estudiar. Y nosotros no queremos desaparecer: ¡también tenemos nuestro amor propio!...
- ¿y, entonces, qué debo hacer para dejaros contentos?
- Debes hacerte perezoso también tú, en especial frente a la escuela, el maestro y la lección, que son nuestros grandes enemigos.
- ¿y si yo decidiera seguir estudiando?
- ¡No te volveremos a mirar a la cara, y en la primera ocasión que se presente, nos las pagarás!...
Algo así como la regla que dice que los mediocres y los bandidos también tienen derechos, en un mundo que parece a veces ser gobernando por ellos.
Después se trenzaron en una discusión, en medio de la que los chicos lanzaban sus libros al mar, hasta que se terminaron los suyos. Entonces, uno de ellos tomó un grueso tratado de matemáticas que Pinocchio llevaba consigo, para lanzárselo en la cabeza, pero fue a dar en la de Eugenio, que cae herido al suelo, frente a lo que los otros tres huyen del lugar.
Pinocchio se queda con Eugenio, para ver si lo puede ayudar, pero llegan dos carabineros, que le creen culpable de la lesión y lo detienen, Pinocchio se las arregla para huir, siendo perseguido por un perro policial, llamado Alidoro.
Vuelve en esta parte la idea de la persecución del que se ve metido en un lío por ingenuidad o error, pero llama la atención que es perseguido por un perro llamado Alidoro: el perro el símbolo de la fidelidad, y Alidoro es el acópope de “alí” y “d`oro”, o sea, alas de oro, un enviado de la justicia superior, que nos anuncia la nobleza del can en cuestión.
Llegan a la orilla del mar, Pinocchio se lanza al agua, Alidoro no logra detenerse y cae al agua, sin saber nadar, por lo que estuvo a punto de morir ahogado, si no es porque Pinocchio se apiada de él y lo salva, luego que Alidoro le prometiera no volver a perseguirlo.
Y fue así como Pinocchio volvió al mar, nadando cerca de la costa, hasta que quedó aprisionado en las redes de un tosco pescador de piel verde, ojos verdes y barba verde, que al verlo le pregunta qué es, y Pinocchio le responde que un muñeco, de lo que el tosco pescador coligió que nunca había comido pez – muñeco, así es que dio a Pinocchio a elegir si prefería ser estofado en una sartén frito en aceite de oliva o en una palangana, en medio de los ruegos y explicaciones de nuestro héroe, que decía ser un muñeco, no un pez muñeco. Pero el pescador, emblema de la ignorancia con poder, no entendía esas expresiones y lo enharinó junto varios peces, consolándole con que siempre que uno ha de morir frito, es preferible hacerlo en compañía antes que solo.
En eso estaban, cuando apareció en escena Alidoro, el perro policial, atraído por el olor de la comida, y, al reconocer a Pinocchio, levanta una polvareda y arrebata al muñeco de manos del pescador, salvándole la vida, lo que nos ratifica la razón de su apocopado nombre.
Entonces Pinocchio reemprendió su viaje de regreso, una vez más, y llegó a la casa del Hada, aunque con mucho temor, pues todos los líos en que se había metido eran producto de faltar a la escuela, no obstante que ya dentro de él existido un cambio, asumiendo un juramente o promesa de responsabilidad, pero que abandonada ante el más insignificante factor de distracción, lo que nos recuerda las promesas de nuestra iniciación.
Tocó tímidamente a la puerta de la casa del Hada, varias veces, hasta que desde el cuarto pido se asomó un Caracol, que, luego de identificarlo, le dijo que esperara.
Pinocchio le dijo que se apurara, pero Caracol le respondió que los de su especia no conocían la prisa, cual Experto o Diácono de las obras teatrales sobre iniciaciones de inspiración masónica.
Pasaron las horas, y nada. Pinocchio insistió en el apuro, recibiendo la misma respuesta, una y más veces: la rapidez no se lleva con la naturaleza de los caracoles.
Así llegaron la medianoche y el frío. Pinocchio perdió la paciencia y dio un puntapié a la puerta de la casa, rompiéndola, con lo que su pie quedó atrapado en el agujero, como ocurriría con un recipiendario que apurara el paso en las iniciaciones de nuestra Amada Cofradía y se malograra el pecho.
Ya casi al amanecer arribó el Caracol, abriendo la puerta, reprochando a Pinocchio el desarreglo y explicándole que el Hada dormía y no quería ser molestada.
Nuestro héroe pide al Caracol algo de comer, y, tras varias horas de espera, éste arriba con una bandeja de plata, con pan, un pollo asado y cuatro albaricoques maduros, que le enviaba el Hada.
Pese al hombre que tenía, Pinocchio no puede comer esas cosas, porque el pan era de yeso, el pollo de cartón, y los albaricoques de alabastro.
Terminó desmayándose, para despertar horas más tarde, tendido en el sofá, en compañía el Hada, quien le hizo presente nuevamente lo perdonaba, que deba prometer enmendarse y, si cumplía, se contaría en niño de verdad, lo que ella ofrecía celebrara en su casa, con invitación a todos los chicos de la escuela a sentirse pan untado por dentro y por fuera con mantequilla y caffé –e- latte.
K.- ROMEO INVITA A PINOCHO AL PAÍS DE LOS JUGUETES
Es necesario saber que Pinocchio, entre sus amigos y compañeros de escuela, tenía uno íntimo y muy querido, llamado Romero, aunque todos los llamaban Pabilo, por su personalidad seca y su apariencia de flacucho, como el pabilo de un cirio, pero no obstante esa apariencia era el chico más vivo y pillastre de la escuela, y Pinocchio lo quería mucho: tanto que al no encontrarlo para incitarlo a la recepción en casa del Hada, le buscó en tres oportunidades.
Cuando por fin lo encuentra, Romero le dice que no podrá ir a la recepción, pues esa tarde parte al País de los Juguetes, y lo invita al viaje, insistiéndole que lo acompañe, pues se trata de un lugar maravilloso, donde no hay escuelas, ni maestros, ni libros, pues allí no se estudia jamás, los jueves no se va a la escuela, y la semana está formada por seis formada por seis jueves y un domingo, al tiempo que las vacaciones comienzan el uno de enero y terminan el 31 de diciembre: en suma, un país como debían ser todos los países civilizados donde se juega desde la mañana a la noche, luego se duerme, y al día siguiente se repite lo mismo, lo que importa una reminiscencia de todos los mitos en que un mal consejero tiente al héroe para que deje sus responsabilidades y opte por el fácil camino a un paraíso inexistente.
Pinocchio asiente que a él también le gustaría vivir en un lugar en así, pero ha prometido ser bueno, y que debe retornar en ese mismo momento a casa del Hada y se despide, pero Pabilo le insiste de quedarse un par de minutos, y le dice que partirán en el viaje más de un centenar de muchachos, y que está por pasar el carro que les llevará. Pinocchio vuelve a despedirse. Romeo le dice que no se preocupe por las reprimendas del Hada, que a lo mejor gritará por llegar atrasado, pero luego se callará, y que se quede hasta que pase el carro. Pinocchio insiste en despedirse, camina tres pasos y se devuelve, para preguntar a Romeo si está seguro que en el País de los Juguetes la semana tiene seis jueves en que no se estudia, más un domingo, hasta que llega el carro lleno de niños de entre 8 y 12 años, y, tras diversas alternativas, Pinocchio es convencido por su compañero, por el cochero y los pasajeros de emprender la aventura, en medio del remordimiento que siente nuestro héroe.
Una vez más ha caído en la irresponsabilidad y faltado a su palabra
El carro era tirado por veinticuatro burros de diversos colores: blancos, negro y hasta a rayas, con una particularidad: no estaban herrados, sino que usaban botas propias de humanos, como no había espacio para más niños, Pinocchio trató de viajar montado de un burro, pero éste lo lanzó al suelo, y lo mismo pasó con y otro, por lo que se montó en un caballo.
Los 24 burros bien pueden representar el paso del tiempo, como las 24 horas del día, que, en medio del ocio del pasajero, ya sabremos a qué final le conducen.
Viajando así, siente una vocecita que le dice que se arrepentirá de lo que está haciendo, y se da cuenta que uno de los burritos lloraba y se quejaba, hablando como persona, pero el cochero lo convenció que no se preocupara, pues era un asno que había sido amaestrado, y así aprendió a hablar.
Llegaron así al País de los Juguetes, viendo que el pueblo estaba lleno de niños, de ocho y catorce años, unos cantaban, otros recitaban , otros jugaban, algunos disfrazados, todos felices, aunque no hablaban bien desfiguraban las palabras.
Y allí estuvieron durante cinco meses.
L.- PINOCCHIO SE TRANSFORMA EN BURRO
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Pero una mañana Pinocchio siente una gran fiebre, le duele la cabeza y se da cuenta que sus orejas han crecido, y tienen pelos.
Se desespera y se mira en un poco de agua que echa en un lavatorio: se da cuenta que algo rato le está ocurriendo.
En un momento llega una Marmota, a quien Pinocchio le cuenta su problema, y la Marmota le dice que tiene mucha fiebre, la fiebre del asno. Nuestro héroe no comprende, y entonces la Marmota le explica que su enfermedad consiste en que se transformará en un burro.
Pinocchio expresa, una vez más su arrepentimiento: que quiso ser bueno, estudiar, obedecer al Hada, y que fue muy ingenuo al hacer caso a Pabilo.
Buscó un pañuelo en que envolvió sus orejas de asno y lo ató en su cara y salió en busca de Pabilo. Lo buscó en todas partes, sin encontrarlo, hasta que decidió dirigirse a su habitación, donde luego de insistentemente llamar a la puerta. Pabilo le abre: también tiene un pañuelo que oculta sus orejas.
Intercambian palabras y gestos, y ninguno quiere referirse a lo que realmente ocurre, si sacarse el pañuelo, hasta que deciden hacerlo al unísono, y allí empiezan a lamentarse, a moverse, mientras sus cuerpos se cubrían de crin, sus bocas se transformaban en hocicos y les crecía la cola.
Apareció entonces el cochero que había llevado a ambos en el País de los Juguetes, los hizo salir para llevarlos al mercado, donde los vendió: Pinocchio fue comprado por el director de una compañía de saltimbanquis.
Debió acostumbrarse a comer heno, y luego amaestrado durante tres meses para bailar vals y polca, atravesar círculos de hierro y esas cosas que hacen los burros en los circos. Todo en medio del arrepentimiento del protagonista.
Y así llegó el día del estreno de Pinocchio como artista: la carpa estaba llena: ni un asiento vació.
Pinocchio, o sea el burro Pinocchio, venia elegantemente ataviado, con flores en las orejas, bella montura de fantasía, y lazos de cintas rosadas que ataban manojos de su crin, y empezó el espectáculo: primero arrodillarse en sus patas delanteras, luego una carrera en torno a la pista y, de pronto, el amaestrador dio un disparo al aire, con lo que el burro- Pinocchio fingió que había muerto.
La gente aplaudía a rabiar, y entonces el burro- Pinocchio vio que entre el público estaba su Hada, por lo que no pudo evitar un rebuzno doloroso, frente a que el amaestrador le dio un latigazo en el hocico.
Reincorporado, debía hacer su número, atravesar los círculos de hierro, pero no pudo hacerlo, porque las lágrimas le impedían ver, y tropezó, quebrándose una pata.
Definitivamente, no hacer su número estrella, por lo que el director del circo lo llevó al día siguiente al mercado, para venderlo, consiguiendo hacerlo por escasas veinte liras, pues se trataba de un burro cojo.
Su nuevo dueño expresó que había pagado ese precio no por el burro mismo, sino por su piel, que se veía tan bien, pues le serviría para hacer un tambor para la orquesta de su comuna.
Y, así, llevó al burro- Pinocchio a la ribera, le ató un grueso madera de sauce al cuello y una larga cuerda a una pata, amarrando la otra punta de la soga a un árbol, lanzando al asno al río, para que muriera ahogado, de modo que luego, jalando la soga, podría recuperar el cadáver y desollarlo a gusto, sin daño alguno en la piel.
Pasadas unas horas, el comprador empezó a tirar y tirar, hasta que encuentra en el otro extremo de la cuerda, no un burro sino un muñeco de madera: Pinocchio, en medio de su sorpresa.
En este pasaje, la nueva recaída de Pinocchio agrava la degradación de nuestro héroe, que ya no está encerrado en una cárcel o trabajando como perro guardián, a plena conciencia, sino ahora disminuido en su propia condición humana, en un marasmo que lo hunde al extremo de perder carácter de ser racional, transformado en bestia de carga.
¿Acaso no es ello lo que ocurre en esos momentos de nuestra historia en que somos víctimas de las más diversas dictaduras?
Y viene a nuestra memoria ese pasaje de la maravillosa ceremonia de iniciación del Rito Nacional Mexicano, cuando alude al dogal y enseña al recipiendario que esa cuadra que le ciñe el cuello, simboliza la esclavitud en que nos mantienen las preocupaciones que se nos inculcan en la alborada de nuestra existencia, para que vivamos siempre a merced de los ambiciosos que han sabido, con su talento y malicia, enseñorearse de nuestros progenitores, para que corrompan , de la mejor buena fe, nuestra conciencia.
“Todos en la niñez – enseña el ritual – nos prestamos como cera blanda a la buena o mala educación que recibimos, y si después no aprendemos a usar libremente de nuestra razón, nos precipitamos para siempre en el error, pues nuestra personalidad, al igual que la materia que recibe la forma en que se le antoja al artista y la conserva, queda privada de lo único que la distingue y sublima al hombre: el derecho de pensar y discurrir, de creer o no creer, fundado en el conocimiento de causa y a obrar según dicte nuestra razón y no conforme a la astucia y sencillez de nuestros primeros directores.
“Sabed que el que no piensa o no examina, el que jura en las palabras de otro y se abstiene de investigar si lo que se le enseñe o ha enseñado es cierto, ése no es hombre, es una máquina.”
Una máquina primitiva, animal, como un burro, en el cuento del genial h.•.Carlo Lorenzini.
Pero, volvamos al cuento: al final, Pinocchio consigue que su dueño le libere la pierna y le explica que por su desidia, su flojera, su desobediencia había sido transformado en burro, luego vendido a un circense y, ya cojo, a él.
El hombre le expresó su preocupación por la forma en que podría recuperar las 20 liras por él pagas, y Pinocchio le prometió servirlo, agradecido por el milagro ocurrido por la magia depurativa del agua, que todo limpia, y que ello había ocurrido por obra del amo, sin intervención del Hada que siempre cuidaba de él, pues cuando estuvo sumergido llegó a él un cardumen, y todos los peces empezaron a comer su cuerpo de burro: uno la cola, otro el hocico, un tercero su piel, y así , hasta que se comieron al burro y sólo quedó Pinocchio que estaba dentro , que, siendo de madera, no fue de su gusto, en clara alusión al desbaste de la bruta piedra.
El amo, en tanto, seguía pensando en las 20 liras perdidas, y expresó si decisión de volver al mercado, para vender a Pinocchio como leña.
M.-PINOCCHIO ES TRAGADO POR EL PEZ- PERRO
Pero sin decir agua va, nuestro protagonista se lanzó al mar, y huyó a nado , haciendo señas de burla a su dueño, viendo al pasar en un arrecife una bella cabra, que no era blanca ni negra, sino que tenía el pelaje del mismo color que el del Hada, la miró, pero en ese momento apareció el temido Pez- Perro, y siguió nadando, mientras la chivita le estiraba sus zampas delanteras para salvarlo, pero todo fue inútil: el monstruo se lo tragó.
Pinocchio, dentro del Pez- Perro, reflexionaba sobre su triste suerte, lloró, y sintió una voz que le hablaba: era un Atún, que se extraño por la fisonomía de Pinocchio, preguntándose qué tipo de pez era.
Aquí se produce un interesante diálogo, que puede ser un contrapunto entre razón y fe:
- Yo nada tengo que ver con los peces: soy un títere.
- Y, de tal guisa, ¿por qué te has hecho tragar por el monstruo?
- No soy yo quien se ha dejado tragar: fue el quien me tragó. ¿Y ahora, qué cosa debemos hacer en medio de esta oscuridad?...
- ¡Resignarse y esperar que el Pez- Perro nos haya digerido a ambos!
- ¡Pero yo no quiero ser digerido!- gritó Pinocchio, empezando de nuevo a llorar.
- Ni tampoco yo quisiera ser digerido, repuso el Atún, ¿pero yo soy bastante filósofo, y me consuela pensar que, cuando nace Atún, es más digno morir bajo aguar que en aceite de oliva!...
- ¡Tonteras!- gritó Pinocchio
- La mía es una opción- replicó el Atún- y las opiniones, como dicen los atunes políticos, ¡deben ser respetadas!
- En suma, yo me quiero ir de aquí… yo quiero huir…
- ¡Huye, si te place!...
- ¿Es muy grande este Pez- Perro que nos tragó?- preguntó el muñeco.
- Piensa que su cuerpo es más largo que un kilómetro, sin contar la cola.
Mientras tenían esta conversación en la oscuridad, pareció a Pinocchio ver a lo lejos una especie de claridad.
-¿Qué será esa luminosidad lejana?- dijo Pinocchio
- ¡Será algún otro compañero de desventura, a la espera, como nosotros, de dirigido!...
- Quiero ir a su encuentro. ¿No podría ser que fuese un viejo pez, capaz de enseñarme la vía de huida?
- Te lo deseo de todo corazón, querido muñeco.
- Adiós Atún.
- Adiós muñeco, y buena suerte.
-¿Dónde nos volveremos a ver?...
-¿Quién lo sabe?... ¡Es mejor ni pensarlo!...
N.- PINOCCHIO REENCUENTRA A GEPPETTO
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Fue así como Pinocchio se alejó de Atún y empezó a caminar, dentro del Pez- Perro, hacia la luz que había visto: grande fue sorpresa al ver que ella proveía de una fogata que tenía encendida Geppetto, donde cocinaba algunos pescados. El anciano, tras el volcamiento de su bote, cuando buscaba a Pinocchio, había sido también tragado por el enorme Cetáceo.
Pinocchio abrazó y besó a su padre, expresándole lo más puro de sus hondos sentimientos de amor filial.
Geppetto le contó que el pez que los había tragado era tan grande, que con ocasión del naufragio de un barco, se tragó la nave completa, aunque su tripulación pudo salvarse, y el pez desechó el mástil mayor, como si fuese un mondadientes. Entonces, Geppetto buscó en la despensa del barco, y encontró pan, aceite, vino, velas, cerillos, y otras cosas que le permitieron sobrevivir, en la que ya dos años que calculaba que llevaba dentro del estómago del pez, pero que ahora se le habían agotado las vituallas, por lo que no sabía como se las arreglaría en lo sucesivo.
Pinocchio le dijo que escapasen por la boca del pez, y que no se preocupase por no saber nadar, pues él sí sabia, por lo que bastaría que su padre se trepara sobre él, a modo de caballo. Así lo hicieron y saltaron al mar desde la boca del enorme pez, bajo la luz de la luna.
Pero, tras nadar un largo trecho, las fuerzas de Pinocchio empezaban a resentirse, no se veía la costa: Geppetto advirtió a su hijo, pero éste lo tranquilizó, diciéndole heroicamente que no se preocupase, que él veía la orilla, lo que no era efectivo. Siguió nadando y nadando, hasta que ya no pudo, y de la costa, nada. Empezó a gemir y pedir ayuda, hasta que apareció el Atún.
El Atún le dijo que gracias al ejemplo de Pinocchio, salió del Pez- Perro, de lo que estaba muy agradecido, por lo que convocó a otros atunes, que formaron una espacie de caballería, como la de un carro, para conducir a ambos náufragos a la costa.
Este episodio nos recuerda al mito judaico de Jonás, en la Torá, que fue engullido por un pez gigantesco, morando en su interior tres días y tres noches.
Jonás significa “Paloma” o “Mensajero de Dios”.
Sobre el simbolismo de la ballena de Jonás, dice H.P. Blavastsky en “Isis sin velo”: “A los animales que hoy los naturalistas llaman cetáceos los designaban los antiguos con el nombre genérico de Cetus, forma civilizada del griego Keto, equivalente a Dagon o Poseidón, cuyo elemento femenino era la Atargatis asiria, conocida también por Venus ascalonita o Astarte, cuya imagen llevaban los buques en el mascaron de proa.
“Los cabalistas dicen que Joná era un sacerdote escapado del templo donde se veneraba la paloma, por haber intentado abolir la idolatría y establecer el culto monoteísta.
Algunos analistas de esos mitos señalan que el interior del pez inmenso representa la cámara de reflexiones masónica, el descenso al centro de la Tierra, una visita que nos permite encontrar la piedra escondida.
Todavía más, la profesora Cecilia Gatto Trocchi, antropóloga de la Universidad de Perusa, manifiesta que “la historia de Jonás tiene un plagio moderno: Pinocchio”, aseverando igualmente que “Pinocchio no era más que un texto masónico cargado de gran esoterismo”.
Pero retomemos el texto del cuento: finalmente, el muñeco sale del gran pez a mar abierto, actuando el agua nuevamente como elemento purificador (como había ocurrido al haberlo querido ahogar un comprador, cuando se había transformado en burro), limpiando interna y externamente a Pinocchio, lo que importa postular que cuando alguien es sumergido en una corriente de agua, renace a una nueva vida, preparado para afrontar la existencia con responsabilidad, acorde con el Plan del Supremo Verbo.
Ñ.- EPÍLOGO: PINOCCHIO SE TRANSFORMA EN SER HUMANO
Retomemos, finalmente, el cuento en análisis: Pinocchio y su padre llegaron a la orilla, el último afirmado por el primero, ambos agotados y empezaron a caminar.
En el camino encontraron a Zorra y al Gato, que les pidieron ayuda; la Zorra había quedado coja de verdad e incluso había tenido que vender su cola en un mercado, a un interesado en fabricar un espantamoscas, en tanto Gato había terminado efectivamente ciego, por lo que les suplicaron ayuda. Pinocchio les respondió que les había engañado ya dos veces, y que, como dice el adagio, el que roba su delantal a otro, termina sin camisa, y siguieron su camino.
Arribaron así a una hermosa cabaña, donde golpearon a la puerta. El amo de casa le dijo que abrieran la puerta y pasaron: era el Grillo.
Pinocchio expresó sus excusas al Grillo por haberle propinado un martillazo, y se ofreció para que el Grillo le hiciera lo mismo, pero éste se negó, diciéndole que así son las lecciones de la vida: que hay que ser tolerante, y magnánimo en la victoria.
Pinocchio se emocionó con la grandeza de corazón del Grillo y le preguntó cómo había hecho para comprar esa hermosa casa, y el Grillo le dijo que se la había regalado la hermosa cabra que lloró por la muerte de Pinocchio cuando fue tragado por el Pez- Perro, y se marchó para siempre, con lo que Pinocchio rompió en llanto.
Entonces nuestro héroe pidió un vaso de leche para su padre, pero el Grillo no lo tenía, en cuya virtud debió dirigirse donde un hortelano vecino, que le pidió una lira como precio, pero Pinocchio en su honradez le dijo que no tenía ni un céntimo, por lo que el hortelano le dijo que se ganara ese dinero trabajando en el pozo del agua, dando vueltas al artilugio de extracción, pues el burro que desempeñaba ese trabajo ya no podía hacerlo, y estaba moribundo.
Pinocchio comenzó a trabajar en la extracción del agua, sudó y sudó, y quiso conocer al asno moribundo, y allí se encontró con su amigo Pabilo, y lo consoló, contando al hortelano del tiempo que conocía a ese burro, frente a lo que el hombre le preguntó si todos sus compañeros de escuela eran unos asnos.
Nuestro héroe llevó el vaso de leche a su padre y siguió trabajando por cinco mese en la extracción del aguar, para llevar a su padre un vaso de leche al día, aprendió a tejer juncos, y fabricaba canastos que vendía, para ganar dinero extra, e incluso fabricó un carrito en que pasear a Geppetto a diario, para que tomase aire puro.
Con algunos ahorros provenientes de la venta de canastos, compró un libro, aprendió a leer, y, usando palitos quemados o untados en cerezas aprendió a escribir.
Incluso le quedaron 40 liras una vez para comprar un traje nuevo, y lo dijo a su padre, dirigiéndose feliz al pueblo para hacerlo, pero se encontró con caracol, y, tras reconocerse, supo que el Hada se había enfermado de pena, y que estaba recluida en un hospital, muy empobrecida, sin tener siquiera un pan que echarse a la boca, lo que le sumió en una gran pena, por lo que optó por entregar al Caracol los ahorros destinados al traje, para que los llevara al Hada.
A diferencia de lo que podría haberse esperado, el caracol tomó el dinero y partió corriendo.
Pinocchio volvió a la casa y a su trabajo, y si antes fabricaba ocho canastos diarios, se esforzó y llegó hacer 16.
Una noche, llegado a casa del Grillo, ya agotado, se durmió y en un bello sueño se le presentó el Hada y le dijo:
-“¡Bravo Pinocchio!” Por tu buen corazón, yo te perdono todas las tonteras que has cometido hasta hoy. Los niños que asisten amorosamente a sus padres en la miseria y la enfermedad, merecen siempre gran reconocimiento: incluso pueden ser citados como modelos de obediencia y buena conducta. Pon siempre juicio en lo que haces, y será feliz.”
Entonces terminó el sueño, y Pinocchio se despertó con los ojos desencajados.
Y así se dio cuenta nuestro héroe que había dejado de ser muñeco de madera y se había transformado en un muchacho humano como cualquiera otro.
Dio una ojeada a las murallas, y a diferencia de las pareces de paja de la cabaña, vio una bella habitación amoblada de modo simple, pero elegante.
Apenas, se vistió, instintivamente, para estirar el pantalón, metió las manos en los bolsillos, donde encontró un pequeño monederote marfil, en que estaban escritas las siguientes palabras: “El Hada de cabellos hermosos devuelve a su querido Pinocchio las 40 liras, y le agradece por su buen corazón”, pero, abierto, el monedero, en lugar de 40 liras de cobre, se encontraban 40 liras duras, de oro.
Luego fue a mirarse en el espejo, y le pareció ser otra persona, pues no estaba allí la usual marioneta de madera, sino la imagen inteligente de un bello muchacho de cabellos castaños, de ojos celestes, un aire alegre y festivo.
Pinocchio creyó que soñaba, y se preguntó: ¿Dónde está mi papá?, junto a él encontró al viejo Geppetto sano, vigil y de buen humor, habiendo retomado su oficio, tallando en un trozo de madera una bella cornisa de ramas, flores, y cabezas de diversas animales.
- Discúlpame la curiosidad, papito: ¿cómo se explica este improviso cambio?
- Preguntó Pinocchio saltándole al cuello, y cubriéndolo de besos.
- Este improviso cambio en nuestra casa es todo mérito tuyo – dijo Geppetto
- ¿Por qué mérito mío?...
- Porque cuando los chicos, de malos se transforman en buenos, tienen la virtud de generar un nuevo y sonriente aspecto incluso en el interior de sus familias.
- ¿Y el viejo Pinocchio de madera, dónde estará escondido?
- Veló allá- respondió Geppetto: y le acercó un grueso muñeco apoyado en una silla, con la cabeza apoyada a un lado, con sus brazos y sus piernas replegadas.
Pinocchio se dio vuelta para mirarlo, y luego dijo, con gran complacencia.
-¡Cuán divertido fue cuando era muñeco!¡ y ahora lo contento que estoy de haberme convertido en un muchacho de bien! .•.
IV.- CONCLUSIONES
Si bien la historia de la instrucción, o la educación de Pinocchio hay una denuncia en contra del ocio y la holgazanería, detrás de ti se entrevé “otra” historia, con significado iniciático y espiritual que el q.•.h.•. Lorenzini – al igual que otros escritores de cuentos clásicos, como el il.•. y q.•.h.•. Wolfgang Amadeus Mozart en la Flauta Mágica, lo que decimos a propósito de PAPAGENO- supo manejar con maestría.
Reordemos que Pinocchio ya existe en potencia en el trozo de madera del Maestro Cereza: en ese leño, formado con noble materia de la tierra, hay un ser adormecido, que, pasando las pruebas, es llevado a un estadio superior.

Pinocchio, al ser de madera tenía vida, a lo menos latente, pero, sin embargo, carecía del libre albedrío pues estaba dormido.
Desconocía el sendero de la virtud y la liberación, pues era un “muerto viviente”.
Lamentablemente, la mayoría de los seres humanos son como Pinocchio.
Siguen el camino más fácil y no saben que existe algo mejor.
La verdad es que hay sólo dos clases de personas en todo el mundo: los pocos se han dado ya cuenta del poderoso esquema del Gran Arquitecto. Y la inmensa masa que todavía no lo conoce.
Los últimos viven para ellos mismos, y están muy esclavizados por sus pasiones, desdeñado los silabarios donde están las letras ocultas, esquivando el Conocimiento, en una ingenua ignorancia que los deja a merced de quienes pueden engañarlos o transformarlos en burros de carga.
En cambio, los primeros viven para su evolución, acorde con el Plan de la Eterna Presencia.
Pinocchio es esclavo de sus “agregados sicológicos” o “yoes” y sus mentiras hacen que le crezcan la nariz y más tarde las orejas de burro.
Es decir, la vida descarriada y la mentira lo lleva a un retroceso a lo involutivo, donde la nariz que crece representa las ataduras terrenales, la materialidad. (Un agregado facial).
Una y otra vez Pinocchio recoge lo que siembra.
Sus malas acciones lo llevan a una vida desgraciada, donde el muñeco paga con sufrimiento el Karma generado, como enseña el simbolismo de la cadena que circunda nuestro amado templo.
En la trama del cuento, el q.•.h.•. Lorenzini sostiene que el ser humano, y especialmente las personas de mentes sencillas, no siempre aprenden las lecciones de la vida, o las oportunidades que les dan los dioses, y vuelven a tropezar con la misma piedra: en efecto, si analizamos la ley el ritmo representada por el triángulo que preside el templo, ¿no representa la forma en que se ha desarrollado nuestra historia, que Hegel explicara en forma tan didáctica?.
Pinocchio no es ajeno a estos ciclos, y pese a que ya está al cabo que la astucia y la traición lo habían engañado antes, y no obstante lo que el Hada le advirtió cuando lo redime, vuelve a caer.
Nuestra historia – a lo menos la de los pueblos del Occidente geográfico, de cuya cultura el autor forma parte – no es otra cosa que la alternancia de momentos de imperialismo y feudalismo, de democracia y dictadura, de ilustración y dogmatismo, de espiritualidad y materialismo, de paz y de guerra, y volvemos a caer en los ciclos, salvo que se nos haya dado , por la vía de la iniciación, las herramientas para escapar a la ley del ritmo: así Pinocchio pasa por momentos de acatamiento de la Ley (alcanzar el conocimiento y respetar la moral) y de desidia y abandono, entre el Hada y sus falsos amigos, el Gato y la Zorra, hasta que las enseñanzas de la primera y las experiencias de vida le permiten crecer y llegar al estado de humano perfecto, comparable con el estado de serenidad que enseña la Orden.
El ser humano algo aprende, pero no todo, y, por su perfección, ha sido víctima de las faraones, de los césares decadentes, de los sacerdotes aztecas, de los reyes bárbaros sanguinarios, de los papas y u inquisición, de los emperadores bizantinos, de los otomanos, de los nazis, de los agentes secretos de las más diversas dictaduras o de los predicadores del fin de la historia y la globalización, y , sin duda volverá a levantarse, aunque tampoco sea arriesgado pensar que volverá a caer.
Como hemos notado, en el relato de Pinocchio se narran las desventuras del muñeco Profano que no puede controlar su destino pues es esclavo de sus pasiones y su renacimiento como Humano Iniciado, luego de la “muerte mística”.
La labor de adaptación del cuento de Carlo Collodi al cine fue realizada magistralmente por otro masón: Walt Disney, que respetó la esencia del cuento, pero transformó a Pinocchio en un muñeco más querible que el descrito por su autor en 1882.
Vale la pena volver a leer “Pinocchio” y describir el maravilloso contenido espiritual de sus locas aventuras.•.
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